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  29 de Junio de 2009
El deber moral de la oposición
 

El deber moral de la oposición

Por Marcos Aguinis
Especial para lanacion.com

El resultado de estas elecciones parlamentarias permite emitir breves y duras críticas a la oposición, acompañadas también de categóricas esperanzas vinculadas con su deber moral.

Las críticas se refieren en especial a dos aspectos.

Primero, no haber tenido la grandeza de unirse tras un programa básico unificado, fácil de alcanzar por los numerosos puntos comunes que reflejan sus posturas de mayor relieve. En contraste con el oficialismo, la amplia población opositora coincide en recuperar una República con clara división de los tres poderes mediante la supresión de los decretos de necesidad y urgencia (cuando no existen ni urgencia ni necesidad), abolir los poderes extraordinarios cedidos al poder Ejecutivo con la sanción constitucional de "infames traidores a la patria" a los legisladores que cometieron ese mamarracho, reformar el Consejo de la Magistratura para que los fiscales y jueces puedan desempeñarse con la debida eficacia y seguridad sin temer el degüello cuando juzgan a un funcionario corrupto y, también, aumentar los controles sobre el funcionamiento de las diversas reparticiones del Gobierno. Existe coincidencia en recuperar al federalismo, decapitado por el unitarismo perverso que ejerce la "Kaja". Además, coincide la oposición en jerarquizar la política mediante la lucha contra el clientelismo inmoral efectuado con los recursos del Estado y otras medidas que no son demasiadas, pero sí decisivas para la salud de nuestro país.

Segundo, critico que la oposición no haya puesto el acento en políticas estratégicas con visión de mediano y largo plazo. Se ha limitado a la coyuntura, en responder agravios, a competir entre sus propios candidatos y, de esa forma, ha caído en la trampa oficialista de aumentar la confusión en materia de ideas, modelos y acciones. No ha expresado los grandes sueños que deben motivar a la ciudadanía. No ha desplegado con suficiente intensidad y lucidez su compromiso con la puesta en marcha de políticas de Estado. Estas políticas de Estado deben contar con la nutrición de las mejores cabezas que abundan pero no son convocadas. Son políticas que deben ejercerse a lo largo de varias administraciones con el juramento de no ceder ante las dificultades que deban enfrentar, hasta alcanzar un éxito contundente. Se refieren, entre otras, a la educación, la salud, la seguridad y la apertura incesante de fuentes de trabajo.

Esperanzas. Paso al otro aspecto: las esperanzas. Este comicio parlamentario tiene su mayor anclaje en el hecho de que la oposición ya no se sentirá impotente ante un Ejecutivo soberbio y hegemónico. No deberá someterse a su arbitrariedad. Pese a las diferencias que esgrimen las diversas denominaciones políticas, los aspectos esenciales de la restauración democrática y republicana son compartidos por casi todos. Incurrirían en felonía grave si no se empeñan en devolverle a la patria un claro respeto por la Constitución y las leyes más sanas de nuestra historia. La ciudadanía acaba de expresarse, pero seguirá con más cuidado el desempeño de los representantes elegidos. El descrédito de la "borocotización", de las candidaturas "testimoniales", del clientelismo, de los aprietes a la prensa, de las amenazas, ya dejaron de ser indiferentes. Ahora tienen presencia en el foco de la atención pública como patologías a erradicar. En consecuencia, a la oposición le será más fácil denunciar esas aberraciones y castigar a sus autores intelectuales o instrumentales.

Pero la esperanza también exige otros deberes a la nueva oposición. No sólo me refiero al cumplimiento de los aspectos que he señalado y sobre los cuales existe una amplia coincidencia. Me refiero a un par de peligros que deberá enfrentar con decisión y valentía.

Uno de ellos fue pintado por algunos peronistas antikirchneristas de la provincia de Buenos Aires con un ejemplo que eriza la piel. Esos peronistas han dicho que Néstor Kirchner, debido a su resentimiento incorregible, puede querer imitar la leyenda de Nerón, quien quemó Roma antes de poner fin a su existencia. Urge, por lo tanto, que la nueva oposición impida que Néstor Kirchner implemente -a través del indebido poder que ejerce- medidas que empeoren la vida de los argentinos, echen leña a los enfrentamientos estériles, saboteen aún más la productividad, rapiñen con más ganchos de pirata a la sociedad para nutrir su Kaja exangüe y deje de cumplir con los deberes de la coparticipación federal que provocará un brutal efecto dominó. Su presencia en el Congreso deberá ser el de un diputado más, no el de un jefe absoluto ante quien se arrodillan propios, ajenos y "comprados".

Gobernabilidad. Otra esperanza que suscita la nueva oposición es que ayude a mejorar la gobernabilidad del país. Esto es, que la Presidenta constitucional siga en su puesto y ejerza mejor sus funciones al saber que debe dialogar, consensuar y respetar. Se desempeñará con mejor rendimiento si se le fijan límites y se le muestra qué puede y qué no puede hacer. También, aquello que debe hacer para beneficio de la vida y el futuro de los argentinos. No olvidemos que puede mantener por un tiempo sus caprichos mediante el recurso del veto y los dineros secretos del Estado.

Es probable y posible que ambas Cámaras del actual Congreso, al percibir el rotundo cambio de tendencia que se viene al galope, no aguarde hasta diciembre para sumarse a las acciones que serán impuestas por su nueva composición. Quiero decir, cabe la perspectiva de que senadores y diputados actuales "kirchneristas" abandonen su indigna obsecuencia y se sumen más pronto que tarde al veredicto que la ciudadanía acaba de rubricar en la urnas. Entonces nos encontraremos en pocas semanas con la oxigenación que clama el pueblo, sin tener que esperar medio año. No habrá meses de vacilación y manipuleo. No habrá dudas sobre la gobernabilidad. No seguiremos perdiendo el tiempo y las oportunidades, como hasta ahora.

Si la oposición cumple con estos deberes morales, e inclusive dialoga a calzón quitado con los actuales congresistas para que se sumen al modelo republicano y democrático votado por la ciudadanía, entonces este acto comicial podrá alcanzar el nivel cacareado pero a menudo falso, de ser verdaderamente histórico.

 

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