15 de Marzo de 2004
El espíritu de un legendario guerrero habita el alma de Uribe
CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.- El presidente Alvaro Uribe está consiguiendo imprimir un giro favorable a la situación de Colombia.
Antes de escucharlo en el foro al que nos habían invitado José María Aznar y la Fundación Internacional para la Libertad, decidí impregnarme con los meandros de esta ciudad legendaria, que la Unesco designó patrimonio de la humanidad.
Su vasta porción amurallada late con hechos retumbantes y prodigiosos. Estremece contemplar una y otra vez los enormes conventos y palacios, los balcones de madera que usurpan las calles con oronda osadía, la vegetación hinchada de humedad y de color, el trino de pájaros azul añil y la cohorte de otras aves del trópico que rayan el cielo caliente.
Uribe nos iba a esclarecer sobre la ominosa guerrilla que sabotea el progreso del país. Nada mejor entonces, pensé, que visitar los sitios donde el desopilante Don Blas de Lezo desplegó su gesta.
Ese personaje de novela nació en el País Vasco en 1689. Siendo adolescente ingresó en el ejército del rey y tuvo la mala suerte de perder la pierna izquierda en la batalla de Gibraltar, cuando acababa de cumplir los 16 años.
Permaneció en servicio, pero en la batalla de Tolón perdió su ojo derecho. No se dio por vencido y pudo seguir combatiendo. En el enfrentamiento de Barcelona perdió un brazo.
La única y macabra clemencia que le deparaba el destino era la alternancia del lado que le comía cada batalla. Pero su tenacidad y valentía se dilataron por el imperio como un paradigma difícil de igualar. Por eso, cuando los espías de Felipe III descubrieron que Inglaterra preparaba un gigantesco asalto contra la amurallada Cartagena, el virrey no dudó en reclamar sus servicios.
El multiamputado Don Blas tenía poco tiempo para organizar una resistencia adecuada y sólo consiguió reunir 2500 indios y esclavos, más 500 soldados españoles. Debía enfrentar una invasión compuesta por 186 naves atestadas con 23.600 hombres.
La asimetría daba vértigo. Pero no le importó: la única alternativa era luchar. El comandante inglés era Edward Vernon y el jefe de una de las unidades, el americano Lawrence Washington, medio hermano de George. La familia Washington admiraba a Vernon, y por eso denominaron Mount Vernon al lugar de su residencia.
Las batallas fueron demoledoras. A Don Blas siguió persiguiéndolo la mala suerte y un cañonazo le voló su segunda pierna. Sólo le quedaban un ojo, un brazo y la boca para emitir órdenes.
En Inglaterra se preparaban los festejos de la victoria y se acuñaron medallas. La más arrogante mostraba la supuesta rendición. Como no era digno para el glamour inglés aprovecharse de un hombre sin brazo ni piernas, le devolvieron a Don Blas ambos miembros para que en la imagen se inclinase ante el almirante Vernon.
No tuvieron en cuenta que el trópico escondía armas letales: en ese momento, miles de soldados ingleses empezaron a caer bajo el impacto de la disentería, la fiebre amarilla y el paludismo. Tampoco la resistencia alocada de Don Blas daba indicios de cuándo cedería la ciudad hecha ruinas. Vernon, ante la muerte incesante de sus hombres, decidió renunciar a Cartagena. Las medallas no pudieron lucirse.
Cuando el peligro se había esfumado, Don Blas se rindió a la infección que carcomía su organismo y, sonriente, despegó su alma tenaz del cuerpo reducido a un muñón.
Mario presenta a Alvaro
Mario Vargas Llosa presentó al presidente Uribe como lo hacía con cada uno de nosotros.
Quizá no se tenga en cuenta -dijo- que Colombia es una de las democracias más antiguas y arraigadas del continente. Si se la compara con otros países, han sido pocos los dictadores de su historia.
Pese a la larga y corrosiva subversión, y pese a la industria del narcotráfico, que alimenta desvergonzadamente esa subversión, la democracia colombiana no se ha desmoronado, porque mantiene la legalidad y el pluralismo.
El presidente Alvaro Uribe Vélez vestía una fresca guayabera y su modesto físico poco traducía de su indoblegable firmeza e intrepidez, como si lo habitara el espíritu de Don Blas. Su palabra confirmó esta sospecha.
Dijo que en Colombia había existido un Estado formal, pero sin poder. "Quien podía juntar dos o tres hombres con fusiles, con tres kilos de coca y diez de explosivos, creaba un Estado usurpador." Eso condujo a la situación actual, que enfrenta tres obstáculos: el terrorismo, la falta de transparencia y el poco dinamismo económico y social.
Llama "democrática" a su política de seguridad para diferenciarla de la "seguridad nacional". ¿Por qué? Porque es para todos, empresario o trabajador, aliado o disidente del gobierno. Al terrorismo lo vencerá con la vigencia del Estado de Derecho.
"Conocí en la universidad a muchos guerrilleros; algunos querían replicar el modelo cubano; otros, el soviético o el chino. En ese tiempo era imposible imaginar que pocas décadas más tarde se aliarían al narcotráfico y se dedicarían al crimen. Fíjense que en Colombia no hay terrorismo de Estado, no hay represión ideológica, no hay restricciones a la crítica. Cuando leo la legislación alemana, española o inglesa, advierto que califican de terroristas a quienes por razones ideológicas o religiosas amenazan con las armas al resto de la sociedad."
Sin embargo, desde Europa se expresa simpatía por estos irracionales depredadores del progreso. Los consideran idealistas que bregan por un mundo mejor. "¿Mejor? °Lleno de sometidos, mutilados, asesinados y secuestrados!". Por su culpa, "a mi generación no le ha tocado tener un solo día de paz".
El fracaso de la generosidad
Colombia ha sido generosa con estos individuos, como lo demostraron los presidentes Bentacourt y Pastrana. Pero ante el fracaso de la generosidad, ahora la decisión de Uribe es derrotar el terrorismo en sus propias plazas fuertes. No respeta los santuarios ni cree en hipócritas promesas. Desde luego que mantiene abiertas las vías de negociación, pero para sentarse exige que primero los terroristas cesen las hostilidades. "No pido desmovilización ni desarme, sólo cese de hostilidades."
En un momento dramático de su exposición, Uribe se dirigió a Aznar: "Presidente, necesitamos que la Unión Europea coopere con nosotros. Hemos hecho esfuerzos con las Autodefensas y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Me reuní con Felipe Torres, guerrillero del ELN recientemente liberado de la cárcel, y le ofrecí todas las garantías para que avancemos hacia un acuerdo. Pero no lo hacen porque la Comunidad Europea sigue empeñada en no declararlos terroristas. En otras palabras, les otorgan licencia para perseverar en sus crímenes".
Nos conmovió al recordarnos que en ese preciso día, dos años atrás, la candidata presidencial Ingrid Betancourt había sido secuestrada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). "No estoy en contra de un acuerdo humanitario, soy consciente del dolor de la familia, pero no daré pasos que desmotiven a la abnegada fuerza pública ni brinden aliento a la extorsión terrorista."
Los resultados de su obcecación, heredada de Don Blas, son excelentes: hubo un importante descenso de homicidios y de secuestros, y casi no hay agresión a los poblados rurales. Las guerrillas dejaron de sentirse seguras y calculan con novedosa prudencia sus operativos.
Uribe recordó que la guerrilla salvadoreña decidió negociar en serio cuando dejó de recibir ayuda económica de muchas ONG pertenecientes a Europa occidental. Pero la guerrilla colombiana es rica por el narcotráfico. "Tenemos que derrotar también la droga. El país llegó a tener 170 mil hectáreas dedicadas a su cultivo y las hemos reducido a 90 mil. Se han destruido 1.700.000 hectáreas de selva tropical húmeda para plantar droga. Es gravísimo."
La lucha contra el terrorismo -insiste Don Blas encarnado en el enjuto Alvaro Uribe- no se reduce a la acción militar. Trabajamos por la elevación educativa, la reactivación económica, la estabilidad jurídica, el fortalecimiento de las instituciones. El microcrédito creció y ahora 713 mil microempresarios se benefician con el sistema; cinco millones de niños fueron incorporados en programas de nutrición balanceada; construimos un país de propietarios; mejora la calidad de vida.
Cuando cerró su aporte al foro con informes de su gestión, un resorte puso de pie a toda la audiencia para aplaudirlo largamente.
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