Miércoles 15 de Mayo de 2002
Angustia y contención
JACQUES SCHOTTE es un importante psiquiatra belga que conocí en Alemania, en 1962, poco después de haberse erigido el Muro de Berlín. Ambos éramos becarios de la generosa Fundación Alexander von Humboldt, que nos regaló un viaje histórico-artístico de veinte días por todo el país. Entre la legión de becarios que conformaba nuestro grupo, Jacques me sorprendió por sus conocimientos artísticos, que contrastaban con su aspecto de oso manso y melancólico. Lo empecé a seguir por todos los museos, hambriento de atrapar unos gramos de su prodigiosa información. Después me enteré de que en Gante, la ciudad donde nació y vivía, su padre era dueño de un petit h™tel donde varios pisos habían sido destinados a un impresionante museo de su propiedad, que contenía desde piezas griegas y egipcias hasta pinturas recientes.
.
Hace poco vino a Buenos Aires. Hablamos de la especialidad, los maestros que tuvimos, los colegas en ejercicio, el mundo, la Argentina. Su carrera fue brillante y está en camino de retirarse, pero me contó que sus hijos padecen la desocupación. Se han casado merced al seguro que reciben los desempleados y cursan una vida diferente de la que podríamos imaginar o soportar nosotros. Su descripción luego se extendió a familias de su conocimiento directo en las que estuvo desocupado el abuelo y ahora lo están el padre y el hijo. Por cierto que no faltaron reflexiones sobre la metamorfosis psíquica que genera esta situación anómala, que ya afecta a una considerable franja de la población.
.
Cuando me tocó describir el paisaje argentino, sintió vértigo. No podía entender que a lo largo de la llamada "década brillante" (los años 90) no se hubiese creado una red de contención para la creciente plaga del desempleo. Pasamos revista a las medidas que se aplican en otros sitios y llegamos a la conclusión de que aquí faltan prácticamente todas. Ante el desolador panorama, emergía la vieja institución de la familia. Vieja, sometida a transformaciones también, vilipendiada y halagada. Apareció como el más potente reducto donde se elabora la angustia y obtiene el consuelo.
.
La raíz del fuego
.
En nuestro país el deterioro aumenta en forma acelerada mientras las dirigencias se entretienen en su lucha contra las llamas, pero sin atreverse a tocar la raíz del fuego. Las cosas van mal, densificadas por ideologismos arcaicos y mezquinos intereses. El país parece un reloj desarmado por un mono, que se rasca la cabeza frente a piezas que no logra ensamblar. La peste de la desocupación aumenta en forma aritmética, mientras que la pobreza lo hace en forma geométrica, pavorosa. Ahora no sólo son indigentes los que no consiguen trabajo, sino también los que trabajan, como producto de la avasallante parca de la inflación. Ante una atmósfera tan crítica, parecida a las nubes que dejan los bombardeos, el refugio de la familia vuelve a adquirir su primigenia fuerza. Allí circula otra moneda que no debe caer en devaluación: los afectos, la solidaridad, incluso la sonrisa.
.
Schotte se fue con la esperanza de que la Argentina despierte de su actual pesadilla. Que los baldazos de agua fría compuestos por la sensatez y el coraje reprogramen nuestros desequilibrios, despejen el entendimiento y orienten la energía que aún conserva el pueblo. Pese a todo, se fue con la sensación de que es un crimen el derrumbe de nuestro país. Mientras, dijimos, funciona la familia. Allí nacen y se cultivan valores que también sufren amenazas, pero sobreviven. No hay que descuidarlos
|