22 de Julio de 2004
EE.UU. y Europa, una relación que va mucho más allá de Irak
MADRID.– La temperatura estival superaba los 40 grados y se empezaban a denunciar muertes por insolación. Sin embargo, una temperatura diferente, y muy grata, reinó en la suntuosa Casa de América (palacio Linares), frente a la Cibeles en carroza de mármol y cuyos chorros de agua jamás disminuyen su ímpetu.
El Primer Foro Atlántico fue a puertas cerradas y en él nos reunimos un puñado de intelectuales y políticos decididos a no escamotear palabras ante los desafíos de la centuria, en especial los vínculos de Europa y América.
Durante la jornada, que fue riquísima y extenuante, hablaron y respondieron con inquietud, ironía, inteligencia, altos funcionarios del actual y anterior gobierno de España (incluidos el nuevo ministro de Economía y el ex presidente José María Aznar), así como pensadores de la talla de Giovanni Sartori, Jean François Revel, Mario Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner. Miguel Angel Rodríguez, flamante secretario general de la OEA, repasó ante nosotros los problemas del continente. Fue un banquete de información y lucidez.
Como argentino, a cada rato me pellizcaba la afirmación unánime, tanto de izquierda como de derecha, sobre algo que sabemos, pero no asumimos: un país prospera cuando genera confianza, pero la confianza es un rubro al que nuestra dirigencia no le presta atención. Ese rubro deriva de instituciones vigorosas, estabilidad y transparencia, tres pilares entecos de nuestra Argentina.
Mario Vargas Llosa destacó la historia de amistad entre Europa Occidental y los Estados Unidos, relación que sufre golpes, pero no se desmorona. Ambos territorios contribuyeron a la cultura de la democracia. Ese lazo no fue ni es un lecho de rosas, pero sobrevive a pesar de los zangoloteos que la castigaron en los Balcanes, en Afganistán, en Irak, en Africa. Tampoco debería olvidarse que la sevicia del despotismo aún rige por lo menos en un tercio del planeta.
El nuevo secretario de Asuntos Exteriores de España, Bernardino León Gross, evocó una imagen de Sócrates sobre el Mediterráneo: el filósofo lo comparó alguna vez con un charco rodeado de ranas. Pero las ranas de una orilla no se comportan como las del otro lado, afirmó sin rodeos. Occidente no es el Mediterráneo. Occidente no es sólo geografía y cultura, sino la acumulación de una historia que culmina en los actuales anhelos de libertad, tolerancia y progreso.
El nuevo gobierno español considera que hay una espantosa globalización del terrorismo, aseguró, y luchará contra sus pestilencias. Al mismo tiempo se debe profundizar el combate contra la pobreza, las drogas y el deterioro del medio ambiente.
El funcionario sorprendió al enfatizar que España es sensible al vínculo transatlántico, pese a una transitoria rispidez provocada por Irak. El nuevo gobierno sigue considerando a Estados Unidos como "un amigo y un aliado". Esta opinión fue respaldada por Trinidad Jiménez, coordinadora de la política exterior del PSOE.
Una Europa balbuceante
Jean François Revel, hombre macizo, de rostro hierático y una claridad que desafía ocho décadas de vida, deleitó a la audiencia.
Guste o disguste, tras la Guerra Fría quedó, dijo Revel, una sola superpotencia mundial. Antes habían sido potencias España, Francia, Inglaterra, pero nunca, ni siquiera la antigua Roma, fue una superpotencia que abarcase el mundo entero. Los Estados Unidos pueden intervenir en cualquier porción del planeta, no sólo con su fuerza militar, sino con su cultura. Aunque -insistió- los escritores norteamericanos tuvieron más influencia entre las dos guerras que ahora: basta recordar a Faulkner, a Hemingway. Revel lamentó que el odio a los Estados Unidos no sea más estudiado por los europeos democráticos. Esa reticencia se debe a que chocarían con la desagradable cifra de su propia responsabilidad en el unilateralismo que critican. Lo auspiciaron mediante su impotencia ante regímenes totalitarios que nacieron en la misma Europa y dos guerras desencadenadas por Europa. El Viejo Continente necesitó de los Estados Unidos.
Revel criticó a los europeos que, ante la amenaza terrorista, repiten la tendencia apaciguadora, balbuceante y genuflexa que tuvieron con el nazismo y el stalinismo. Recordó que el odio a los Estados Unidos no sólo pertenece a los antiglobalistas, marxistas vulgares y fundamentalistas (¡qué alianza más grotesca!), sino a la derecha nacionalista. Denunció que una parte de ese fenómeno antinorteamericano es fruto del resentimiento: se odia a los Estados Unidos por lo que son, no por lo que hacen. Lo que hace lo hicieron España, Francia, Inglaterra, Alemania, en los sanguinarios tiempos del colonialismo.
Para superar el unilateralismo, añadió Revel, deberían producirse iniciativas de cooperación mundial más eficaces a partir de Europa. Pero hasta ahora la Unión Europea no se ha destacado por sus propuestas fértiles. Tampoco tiene suficientes medios militares; su seguridad fue garantizada por los Estados Unidos durante 50 años, una ventaja que le brindó recursos para la construcción del Estado de bienestar.
Insistió en que los totalitarismos que diezmaron el siglo XX resucitan con su epígono, el terrorismo. Sus diversas expresiones esgrimen reivindicaciones variopintas, pero esas organizaciones conforman una red que aspira a imponerse por la fuerza. "El verdadero peligro que acecha al mundo se llama terrorismo, no unilateralismo. No hagamos como los panfletistas enajenados que durante la Guerra Fría machacaban que el peligro venía de los Estados Unidos, no de la Unión Soviética."
Hasta 1979 los Estados Unidos se esmeraron en aparecer neutrales en Medio Oriente, pero a partir de entonces estalló la revolución islámica, los soviéticos invadieron Afganistán y Saddam inició su guerra contra Irán. Revel miró fijo a la audiencia al preguntar: "¿Cuándo el pueblo de Irak gozó de soberanía? Recién ahora está cerca de esa posibilidad".
Dentro de los Estados Unidos retoza una autocrítica feroz. En cambio nada de eso ocurre en los países pobres, que son pobres por la ausencia de buenos debates. Es incorrecto simplificar que en los Estados Unidos peligra la democracia por el aumento de los controles antiterroristas. En tiempo de guerra siempre hay controles. Y el mundo está en guerra.
Las palabras de Revel siguieron resonando al producirse un fogoso cruce entre el periodista Hermann Tertsch y Trinidad Jiménez. Ella intentó justificar el apresurado retiro de las tropas españolas de Irak, pero no pudo explicar el retiro del Plan Colombia, una concesión que hizo José Luis Rodríguez Zapatero a Izquierda Unida. Tertsch desarrolló su crítica como si dictase un artículo poético. Describió el desembarco de tropas americanas, inglesas y polacas en el sur de Italia, el heroísmo de aquellos combatientes, las expectativas de la población oprimida. "Imaginemos que cuando trepaban las cuestas, llegaba una orden que decía a los polacos: «No avancen, abandonen a sus compañeros, regresen a casa»."
El periodista, divertido por el bochorno que invadía las mejillas de Trinidad, tomó su mano y la besó.
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