25 de Julio de 2004
Para Europa, limitar la inmigración puede ser un arma de doble filo


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MADRID.- La inmigración es un tema central del debate público en Europa y en América. Fue objeto de una inquietante presentación a cargo de Lorenzo Bernaldo de Quirós, quien asaltó sin anestesia los prejuicios y distorsiones que impiden una mirada racional sobre el fenómeno.

Conmovió con una estadística: la gente que vive fuera de su tierra natal durante más de un año constituye el 3% de la población mundial.

Se insiste, agregó, en la amenaza que constituyen las oleadas migratorias sobre la estabilidad e identidad de los países anfitriones, pero no se tiene en cuenta que las sociedades prósperas tienden a envejecer, disminuyen demográficamente y necesitan mano de obra.

A mediados de esta centuria, España será el país más envejecido del mundo y tendrá un 22% menos de habitantes. Se calcula que 34 países industrializados tendrán menos población que ahora; Europa en su conjunto se reducirá en un 12% y Japón, un 17 por ciento.

Estos datos confirman la esquizofrenia reinante sobre el tema. Habría que añadir las discusiones éticas sobre la legitimidad de los Estados para imponer barreras a la libertad de circulación de las personas -un derecho humano fundamental-, mientras se exige libertad de circulación para los bienes, información, servicios y capitales.

Las estrategias tanto de uno como del otro lado del Atlántico revelan que se pretende una planificación imposible. El marco regulatorio en la mayoría de las economías avanzadas es ineficaz y produce resultados antagónicos a los buscados, como el estallido de la inmigración ilegal.

"Igual que en el caso del proteccionismo, la legislación sobre la inmigración perjudica a todos. La mejor política sobre inmigración es que no exista", dijo Bernaldo de Quirós.

De hecho, fue la práctica seguida por la mayoría de los Estados occidentales, con la excepción de Rusia, desde el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Las restricciones al libre movimiento de las personas era propio de naciones poco civilizadas. Toda América se benefició con los inmigrantes.

Sin barreras

Por otro lado, en el Foro Atlántico se recordó que abandonar el país de origen requiere valentía y desesperación. Los argentinos estamos enterados. Desencadena un alto costo social, económico, cultural y afectivo.

"Los inmigrantes suelen ser personas más esforzadas, audaces e imaginativas que la media de su país de origen", dijo Bernaldo de Quirós.

Esto vale tanto para las franjas de inmigración legal como ilegal. Cuando un individuo decide abandonar su país y asumir sus costos, no existen barreras capaces de detenerlo.

El número de inmigrantes se ha acelerado en los últimos quince años. Las oleadas que ingresaron en los Estados Unidos y Europa occidental asombran por su parecido: cada año reciben un millón de inmigrantes legales y medio millón de ilegales.

La caída de la Cortina de Hierro y la guerra en los Balcanes incrementaron el flujo hacia Europa central. Ahora, la incorporación de diez países a la Unión Europea lo hará más intenso. El incesante deterioro de Africa y de América latina, así como el descenso de los precios en materia de comunicación y de transporte, son factores de enorme potencia.

Cuatro categorías

Los movimientos migratorios se dividen en cuatro categorías: legales e ilegales; voluntarios e involuntarios; calificados y no calificados; temporales y permanentes. Contrariamente a lo que se supone, los países industrializados aspiran a importar capital humano calificado, pero este rubro es escaso.

No obstante, la inmigración tiene un impacto positivo en el bienestar del país anfitrión. Para demostrarlo, Bernaldo de Quirós ofreció un análisis pormenorizado que no cabe en los límites de esta nota.

Sólo vale la pena destacar que el desempleo -en contraste con las ideologías xenófobas- no guarda relación de causalidad con la inmigración, sino con la mayor o menor flexibilidad del mercado de trabajo.

El problema se agudiza donde estruja la pinza del desempleo y la rigidez laboral: ahí los inmigrantes crean tensiones sociales y políticas, aumentan la marginalidad y sobrecargan el presupuesto público.

"La entrada de inmigrantes, sin embargo, puede transformarse en un vigoroso instrumento de presión para liberalizar las rígidas estructuras laborales europeas que son la causa del desempleo, fenómeno que quita el sueño a la Unión Europea", añadió Bernaldo de Quirós.

Fue sorprendente la demostración de que -contra la propaganda xenófoba- una disminución de los inmigrantes en Europa tendría un efecto demoledor sobre el nivel de vida de los nativos en edad de trabajar, porque deberían soportar una carga fiscal desproporcionada para sostener una inmensa y creciente población pasiva.

Sin oportunidades

El debate debe centrarse en la inmigración ilegal. La Oficina de las Naciones Unidas para el Control de las Drogas y la Prevención del Crimen reconoce que el tráfico ilegal de gente es un negocio más lucrativo que el de las drogas. Y este negocio es producto del mercado negro que fogonean las políticas restrictivas.

Igual que con el comercio de estupefacientes, la primera reacción de las autoridades es acentuar la represión. Pero cuanto más restrictivas son las políticas de inmigración, mayores se tornan los incentivos para los traficantes.

Los Estados revelan su impotencia con amnistías periódicas para los ilegales. La gente emigra porque no puede prosperar en su país de origen. El proteccionismo de los Estados ricos estimula la emigración de los pobres, porque disminuye en éstos las oportunidades laborales.

En democracia, los gobiernos no pueden imponer sus deseos, aunque sean maravillosos. La dinámica de la globalización exige más movilidad de la fuerza de trabajo, que se debe aceptar y optimizar. La solución no pasa por la restricción, sino por mitigar los efectos indeseables generados por la inmigración ilegal y sus crueles mafias.

El cierre del Foro, a cargo de Mario Vargas Llosa, repasó la riqueza de formulaciones, ideas y análisis que se trataron durante la jornada e importan a Europa y a toda América. Esta iniciativa estuvo patrocinada por la Fundación Internacional para la Libertad, la Fundación Atlas y la Fundación Iberoamérica-Europa.


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